miércoles, 9 de abril de 2014

EL PARADIGMA DEL IMPACIENTE


Voy por una conocida travesía donde hay una hermosa señal de "prohibido circular a más de 60 por hora". La guardiacivil es asidua de este hábitat de apenas dos minutos de recorrido, pero a algunos impacientes les resulta insoportable semejante procesión, a pesar de que casi todos saben que los hombres de verde se esconden tres la curva (una vez me invitaron en este tramo al sabor de una didáctica multa).
Hoy toca imbécil de esos que tienen prisa por llegar a ninguna parte. Voy a 70 pero el imbécil va tan pegadito a mi culo que podría acariciar mi cogote. Sabe que además del “prohibido ir a más de 60” todo el tramo es de línea continua y debería haber obligada relajación, un acompañarme detrás discretamente por que no hay otra cosa mejor que hacer, pero se muestra impaciente, se me aproxima sin respeto ni permiso, asoma el morro pisando la línea como si quisiera adelantar y hace aspavientos una y otra vez,  y mientras mantiene un absurdo monólogo injustificable, se acuerda probablemente de mi familia, aunque debería acordarse mas bien de la suya.
A continuación, entramos en otro tramo de carretera general de apenas diez minutos de 90 o 100 de mucho tráfico de camiones y pocas opciones de adelantar. Aunque consigas hacer un adelantamiento, no sirve de nada si hay densidad del tráfico hasta llegar a la autovía, no vale la pena correr riesgos, pero el imbécil que me ha tocado es uno de esos que no mejora la especie, empeñado en demostrarse a sí mismo que es incapaz de relajarse y disfrutar, de valorar las cosas en su justa medida. Todo esto es lo que me voy imaginando cuando lo observo por el espejo retrovisor moviendo los bracitos como una marioneta de guiñol. Lo imagino con el alma triste, incapaz de querer bien, siempre con prisa, estresado, impacientándose con todo, jodiéndose la salud, sin vivir y sin dejar vivir. Pegarse como una lapa al coche de delante es un síntoma que tiene que ver también con agobiar al personal en la vida de a pie, entre otras cosas. Sé que conseguirá adelantar y que quedará delante de mí o apenas una plaza más allá (dos segundos más literalmente) hasta llegar a la autovía.
Por fín me adelanta para quedarse pegado al siguiente coche e ir mordisqueando el carril izquierdo pendiente de adelantar más, caso improbable. Yo escucho algo entretenido en la radio. La velocidad de 90-100 me permite contemplar como rompe la primavera en Fuente la Higuera. Los campos están hermosos y de repente un conejo. Pienso que el imbécil ni lo ha visto. La personas que viven deprisa-deprisa no saben que hacer en la naturaleza ni se acuerdan de que es su madre. Para mi sorpresa, para que me anime a pensar en este paradigma del imbécil, se ven decenas de conejillos danzando en un prado verde, y más adelante, más decenas de conejos, probablemente para darle al fitipaldi otra oportunidad y pueda dedicar algo de espacio para la belleza en sus tortuosos pensamientos sobre asfalto y adelantamientos. Sospecho que no se da ni cuenta porque va muy pegado al otro coche y con las mismas ansias.

Llegamos al desvío de la autovía y el triste muchacho ha ganado su segundo por delante de mí. No hay prisa que justifique este comportamiento. Esta prisa para llegar a ninguna parte, para llegar mal a donde sea, nos corroe y nos atocina; es un cáncer que nos hace vivir mal y pensar peor. Vivir rápido, comer rápido, tomar pastillas para callar el dolor sin escuchar su mensaje. Coger el coche para ir al gimnasio y evitar 15 minutos andando. Coger el ascensor para subir dos pisos. Estar estresadísimo por que nos hemos creado ocupaciones artificiales, perder el tiempo criticando a los demás sin conocernos a nosotros mismos, perder el tiempo en general... fragmentos del “apocalípsis tocino”. El imbécil solo es un impaciente más -cualquiera de nosotros-, una marioneta que no se plantea quien mueve los hilos. Mientras tanto, el show debe continuar. Las máquinas funcionando. La luces encendidas. El ruido de fondo, no vaya a ser que el silencio despierte nuestra conciencia.

Esta foto pertenece al mismo tramo y está hecha desde mi coche, pero en invierno. Se puede ver el tráfico de camiones y que es un tramo que invita a ir tranquilito.

lunes, 24 de febrero de 2014

CRÓNICAS TÓCINAS. LA SOLEDAD DEL LÍDER


LA SOLEDAD DEL LÍDER


Joder, joder, joder. Me pinchan y no me sale sangre. Uff, ¡qué vertigo! Ánimo, Rufino, - se dijo a sí mismo-,  ¡que tu puedes! El mundo a mis pies, el nuevo mundo a mis pies.

(Para situarse, lean el prólogo pinchando aquí ) 

El Licenciado Rufino Sieso, el del puño de acero, estaba tomando conciencia de su posición. Se había hecho con el mando del nuevo mundo, del mundo post-apocalipsis tocino. Recordaba como a medida que los teléfonos se hacían más "inteligentes" la gente se volvía más gilipollas, era una falsa paradoja, era en cierto modo una lógica que los water-parties venían denunciando. Los hombres en la sombra como él, venían a pensar lo mismo pero desde otra rama del arbol, desde un punto de vista en blanco y negro. Cuando el apocalipsis crujió a todo mortal viviente, los water-parties, profetas a su pesar, regalaron su mejor sonrisa y se ofrecieron a "reconstruir un nuevo mañana sin rencor", pero los hombres como Rufino no se fiaban un pelo de los atocinados, la gran masa, y tenían como dogma que "la cabra siempre tira pal monte", así que se deshicieron "amablemente" de todos los "water-flowers", de su mierda de colores, de las sonrisas de buda y de la madre que hubiera parido a todo el rollo espiritual, oriental y conciliador. Mano dura con los responsables. ¡Qué coño! que luego pasa lo que pasa. Rufino estaba convencido de que ese era el camino y no otro. Esta gente no había querido reaccionar a pesar de las advertencias y habían faltado al respeto a la madre naturaleza. Mano dura y a tomar por culo todo esta mandanga.

Joder, joder, joder. Rufino se miró por primera vez al espejo. Sudaba, y un abrazo de vértigo dibujaba un recorrido caprichoso desde el cuerpo hasta el alma. Se sentía fuerte y solo. Mierda, soy el puto amo y solo soy un pobre hombre. Bueno, un poderoso pobre hombre. Tras el primer vértigo, la responsabilidad le hacía venirse arriba y rellenaba el hueco del vacío mientras las ideas se apelotonaban en su cabeza. Campos de "reeducación" para todo dios, para.....niños gortitos sedentarios, para ...adictos a la tecnología, para adictos al tocino, por supuesto (y luego todos los contribuyentes a pagar sus estancias en hospitales para salvarles la vida quitando grasuza de sus venas), para ......los hijos que no devuelven los tupperwares a sus madres, para las madres que vuelven a echar rancho a un hijo aunque este no devuelva los tupperwares (¡qué flagrante manera de educar en la irresponsablidad!)..... madre mía, esto era un no parar de tener ideas. Había malos vicios en cada pensamiento inspirado del Licenciado. ¡Había tanto que hacer!

A pesar de la erótica del poder, el Licenciado Rufino Sieso decidió no distraerse en parejas ni mandangas, -otra vez mandanga, mandanga, mandanga, una palabra que le iba a robar el sueño-, pero a cambio de tanta concentración y rectitud en una tarea de tanta responsabilidad, los sueños le salían por la culata. Todo aquello a lo que se enfrentaba, toda pompa, decadencia y esperpento, se le tornaba rebotado en sueños recurrentes que basculaban entre la pesadilla y la perfecta juerga flamenca. Sus sueños eran muchas veces un sensual Cabaret donde unas coristas bailaban con gigantes tajadas de panceta a la brasa. Había mucha teta y muslamen, gatos mandando wasaps sodomizados por ratones, funcionarios echando una eterna partida y empresarios embuchados de cubatas haciéndose los machotes y tocándole el culo a las coristas. Otras veces soñaba que iba montado en un gorrino volador buscando paraísos fiscales, haciendo escala en cada centro comercial buscando las últimas tendencias. Estos sueños eran la sombra, que nunca te abandona. La sombra que no puedes ignorar, la polaridad, uno de los problemas centrales del ser humano alimentado por la ignorancia y la hipocresía. Tardaría mucho tiempo en darse cuenta de que iba a cometer los mismos errores que cometieron todo tipo de religiones y sus asquerosos dogmas queriendo poner macetas a las flores del campo.

En otro lugar y en otras circunstancias, Marcial, el Doctor Marcial Mandanga Delabuena, involuntario cabecilla de un reducido grupo de insurrectos, estaba teniendo unos sueños que parecían dictados por algún personaje, aunque caprichoso,  de recto proceder. Soñaba con orgías de ensaladas regaditas con aceite de oliva virgen extra, con la virgen montadita en bicicleta, con una bicicleta como alcaldesa de la ciudad, con una ciudad dentro de un tupperware que acaba siendo devuelto en tiempo record a su dueña, una madre que ha criado a sus hijos en la responsabilidad, que les ha dado teta, libros y bicicleta.

Pero hasta en sueños Rufino se sentía solo. Mejor, pensaba, autoengañándose. Mejor, así me concentro mejor: Campos de "reeducación" para.....empresarios que no compraron productos de la región, para....¡Para! Rufino, para. Descansa, Rufino, que esta noche toca Cabaret.



Rufino y sus conciencias. Montaje y retoque digital con un par de dibujos
del año 96.


Traje para cazar osos siberiano. Así se imaginaba Rufino cuando
quería sentirse fuerte e incorruptible


domingo, 16 de febrero de 2014

CRÓNICAS TOCINAS. PRÓLOGO.


LO QUE PASÓ TRAS TOCINÓPOLIS


Años 40, Siglo XXI. Tras el estallido del apocalipsis tocino y la purga de conciencias, las esperanzas de un mundo mejor pasan malas horas porque el ala dura de la revolución ha tomado el control. Los Water-parties (atrévase con la traducción literal) , defensores del equilbrio y de la reeducación amable y tolerante hacia los hijos del tocino y del exceso, han sido apartados amablemente del timón, acusados de ingenuos y poco carismáticos, a pesar de contar con las mentes preclaras que alertaron un día tras otro de que navegábamos hacia ninguna parte, a pesar de llenar Tocinópolis de pegatinas con frases como:  "Desenchufa los aparatos y disfruta de buenos ratos",  "Más Platón y menos viajes a Plutón" o "el apocalipsis tocino se acerca, sé más sencilla y no seas terca". Se les acusó entre otras cosas de ensuciar la vía pública, de decir mucho y hacer poco, y de sonreir sospechosamente.

Esculturillas mias premonitorias
El ala dura estaba dirigida con puño de acero por el Licenciado Sieso, un curtido y enjuto intelectual austero y hermético, crítico total con la sociedad atocinada, aburguesada y narcotizada; crítico con los opios del pueblo, con los descansos publicitarios, con el cine en general, y con las palomitas en particular. El Señor Sieso pensaba que la expresión  "no solo de pan vive el hombre" (San Mateo) estaba sobrevalorada. Sí amigos, ese era el estremecedor perfil del incorruptible hombre que lideraba el mundo postapocalíptico. 
Anulados y desterrados los Water-parties, alejados del centro de poder y de la toma de decisiones, la mayor preocupación del Licenciado Sieso era localizar los núcleos de resistencia liderados por el Dr, Mandanga, Marcial Mandanga Delabuena. Tras el estado de sitio y el caos total en pleno toque de trompetas, plagas devastadoras que devoraron pompa y boato,  y purga de conciencias, el Dr. Mandanga, amigo del buen comer y del amour fou, se erige involuntariamente y muy a su pesar en defensor de los nuevos parias, gente de todo tipo y condición a los que les coge desprevenido todo este apechusque, y que, en definitivas cuentas, no habían leído las agoreras pegatinas.  "Eran muy pequeñas", decían unos. "Pensábamos que eran anuncios de obras de teatro, y claro, como nadie va ya al teatro...", decían otros. Excusas y más excusas de unos ciudadanos irresponsables y cómplices de las crisis y las requetecrisis, marionetas de las multinacionales, comprados por un puñado de juguetes electrónicos y todo tipo de carnes a precios sin competencia, engatusados con monodietas pobres en aceites grasos esenciales. El escenario ideal contra las neuronas.
El Dr. Mandanga, a su pesar como decía, de tener que liderar a los damnificados post apocalipsis , afín en un principio a las propuestas de los humanistas Water-parties, que pretendían bucear en las raices de los problemas, encontrar entendiemiento y equlibrio, buscar unas dosis de panceta razonables que tuvieran cabida entre el pepino y la sardina, ni tanto ni tan poco, etc, pasó a ser enemigo público número 1 cuando el Licenciado Sieso apartó con malas artes a los humanistas y estableció un estado de sitio permanente. Es más, lo dejó en Estado de Sitio a secas, porque lo de permanente le sonaba a lujo, y solo con austeridad y más austeridad, jarabe de austeridad, el hombre se volvería a encontrar a sí mismo y a su mecanismo.
Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ufff. Recuerdo que en el canal Mercadona echaban el exitoso programa "Compra y sé feliz", se fueron a la publicidad prometiendo que volverían en un rato, pero no volvieron, se oyeron sonidos desgarradores, la gente salió a la calle asustada vociferando: otra ciclonésis, otra de tantas, tal vez otro tsunami, otro terremoto, jodido cambio climático, cada vez peor,  ....pero no, no era nada de eso.
TOCINÓPOLIS, ENTRE EL GÉNESIS Y EL APOCALIPSIS
Años 30, siglo XXI. Tocinópolis se sustentaba sobre pilares de grasa y hueco. No había ni un principio sólido que sujetara ese conglomerado de sociedad de horteras, snobs, chorizos, canis, concejales, chonis, viciosos y demás gentes de buen vivir. Tras una enmascarada recuperación de aquella crisis semiglobal que azotó a los estados VIP, conejillos de un experimento orquestado por los reyes del Mambo, la mayoría de los pseudociudadanos demostró que no había aprendido nada y volvió a las andadas. Tocinópolis fue un elogio de la fustración de lo que pudo haber sido y no fue. Tras un renacer esperanzado (la gente compartía en las redes sociales frasecillas preñadas de conciencia), apareció un gurú experto en nuevas economías, experto en el concepto de la paz en el mundo, en tecnologías renovables y en más cosas que sonaban muy bien, que impartió una conferencia con grandes expectativas sobre el renacer de una nueva época, una conferencia llamada a ser el antes y después de la nueva sociedad y bla bla bla y que se televisó en directo a todas las tocinópolis around the world, pero....ay!, ¿qué hizo la muchachada? oh! casualidad (¿casualidad?), en los otros canales, en otro orden de las cosas, se presentaba a bombo y platillo volante el nuevo Iphone 22 (veintidó veintidó veintidó), con todos los extras, microchip con implante intracraneal, desfragmentador de barruntos, killerflys incorporated, y hasta la posibilidad de llamar a otras personas. Los hijos más ternascos de Tocinópolis, la nueva mayoría, amamantados por la madre digital ( mientras la madre naturaleza lloraba desconsolada), olvidada de pleno la Galaxia Guttemberg, y con las neuronas resecas entre unas cosas y otras, prefirieron ahogar sus penas en entrecots electrónicos a escuchar al gurú del cambio y tener que enfrentarse a la titánica tarea de pensar, de empezar cosas nuevas, de cambiar de hábitos, y presenciaron en masa el advenimiento del nuevo cacharro, otro becerro de oro al que adorar, tal vez soñar. Cacharro que a los cuatro días fue sustituido por otro cacharro con algún pequeño cambio, y así sucesivamente. Una oportunidad perdida, el principio del fin. A decir verdad, un poco ingenuo si que fue el gurú experto, germen de los Water-parties, ya que podía haber aplazado un poco la conferencia llamada a revolucionar el mundo, pero pecó de ingenuo. Fue de lo único que pecó, ya que por lo demás,  - paradigma de empatía, con la autoestima eqilibrada, seguidor de la dieta mediterránea y obstinado enemigo de las grasas trans-,  tenía una moral intachable.
Señora que se perdió la conferencia