lunes, 24 de febrero de 2014

CRÓNICAS TÓCINAS. LA SOLEDAD DEL LÍDER


LA SOLEDAD DEL LÍDER


Joder, joder, joder. Me pinchan y no me sale sangre. Uff, ¡qué vertigo! Ánimo, Rufino, - se dijo a sí mismo-,  ¡que tu puedes! El mundo a mis pies, el nuevo mundo a mis pies.

(Para situarse, lean el prólogo pinchando aquí ) 

El Licenciado Rufino Sieso, el del puño de acero, estaba tomando conciencia de su posición. Se había hecho con el mando del nuevo mundo, del mundo post-apocalipsis tocino. Recordaba como a medida que los teléfonos se hacían más "inteligentes" la gente se volvía más gilipollas, era una falsa paradoja, era en cierto modo una lógica que los water-parties venían denunciando. Los hombres en la sombra como él, venían a pensar lo mismo pero desde otra rama del arbol, desde un punto de vista en blanco y negro. Cuando el apocalipsis crujió a todo mortal viviente, los water-parties, profetas a su pesar, regalaron su mejor sonrisa y se ofrecieron a "reconstruir un nuevo mañana sin rencor", pero los hombres como Rufino no se fiaban un pelo de los atocinados, la gran masa, y tenían como dogma que "la cabra siempre tira pal monte", así que se deshicieron "amablemente" de todos los "water-flowers", de su mierda de colores, de las sonrisas de buda y de la madre que hubiera parido a todo el rollo espiritual, oriental y conciliador. Mano dura con los responsables. ¡Qué coño! que luego pasa lo que pasa. Rufino estaba convencido de que ese era el camino y no otro. Esta gente no había querido reaccionar a pesar de las advertencias y habían faltado al respeto a la madre naturaleza. Mano dura y a tomar por culo todo esta mandanga.

Joder, joder, joder. Rufino se miró por primera vez al espejo. Sudaba, y un abrazo de vértigo dibujaba un recorrido caprichoso desde el cuerpo hasta el alma. Se sentía fuerte y solo. Mierda, soy el puto amo y solo soy un pobre hombre. Bueno, un poderoso pobre hombre. Tras el primer vértigo, la responsabilidad le hacía venirse arriba y rellenaba el hueco del vacío mientras las ideas se apelotonaban en su cabeza. Campos de "reeducación" para todo dios, para.....niños gortitos sedentarios, para ...adictos a la tecnología, para adictos al tocino, por supuesto (y luego todos los contribuyentes a pagar sus estancias en hospitales para salvarles la vida quitando grasuza de sus venas), para ......los hijos que no devuelven los tupperwares a sus madres, para las madres que vuelven a echar rancho a un hijo aunque este no devuelva los tupperwares (¡qué flagrante manera de educar en la irresponsablidad!)..... madre mía, esto era un no parar de tener ideas. Había malos vicios en cada pensamiento inspirado del Licenciado. ¡Había tanto que hacer!

A pesar de la erótica del poder, el Licenciado Rufino Sieso decidió no distraerse en parejas ni mandangas, -otra vez mandanga, mandanga, mandanga, una palabra que le iba a robar el sueño-, pero a cambio de tanta concentración y rectitud en una tarea de tanta responsabilidad, los sueños le salían por la culata. Todo aquello a lo que se enfrentaba, toda pompa, decadencia y esperpento, se le tornaba rebotado en sueños recurrentes que basculaban entre la pesadilla y la perfecta juerga flamenca. Sus sueños eran muchas veces un sensual Cabaret donde unas coristas bailaban con gigantes tajadas de panceta a la brasa. Había mucha teta y muslamen, gatos mandando wasaps sodomizados por ratones, funcionarios echando una eterna partida y empresarios embuchados de cubatas haciéndose los machotes y tocándole el culo a las coristas. Otras veces soñaba que iba montado en un gorrino volador buscando paraísos fiscales, haciendo escala en cada centro comercial buscando las últimas tendencias. Estos sueños eran la sombra, que nunca te abandona. La sombra que no puedes ignorar, la polaridad, uno de los problemas centrales del ser humano alimentado por la ignorancia y la hipocresía. Tardaría mucho tiempo en darse cuenta de que iba a cometer los mismos errores que cometieron todo tipo de religiones y sus asquerosos dogmas queriendo poner macetas a las flores del campo.

En otro lugar y en otras circunstancias, Marcial, el Doctor Marcial Mandanga Delabuena, involuntario cabecilla de un reducido grupo de insurrectos, estaba teniendo unos sueños que parecían dictados por algún personaje, aunque caprichoso,  de recto proceder. Soñaba con orgías de ensaladas regaditas con aceite de oliva virgen extra, con la virgen montadita en bicicleta, con una bicicleta como alcaldesa de la ciudad, con una ciudad dentro de un tupperware que acaba siendo devuelto en tiempo record a su dueña, una madre que ha criado a sus hijos en la responsabilidad, que les ha dado teta, libros y bicicleta.

Pero hasta en sueños Rufino se sentía solo. Mejor, pensaba, autoengañándose. Mejor, así me concentro mejor: Campos de "reeducación" para.....empresarios que no compraron productos de la región, para....¡Para! Rufino, para. Descansa, Rufino, que esta noche toca Cabaret.



Rufino y sus conciencias. Montaje y retoque digital con un par de dibujos
del año 96.


Traje para cazar osos siberiano. Así se imaginaba Rufino cuando
quería sentirse fuerte e incorruptible


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