jueves, 19 de febrero de 2015

Que iba yo a decir...algo de Grecia, de Sálvame?

Resulta que he abierto el ordenador porque quería hacer algo con pretensiones, creo que quería decir algo de Grecia o de Alemania, y hacer también algunas tareas del trabajo, me parece, pero he visto en el Feisbuk (quién te manda abrirlo!) un vídeo muy gracioso de perretes que no agarraban la pelota que los amos les echaban y se caían para atras, ¡más gracioso! Había uno con las paticas muy cortas que no llegaba a la pelota, y se le veía algo lento y perezoso, aunque con una mirada melancólica y de resignación. Entonces, no sé porqué, me he vuelto a acordar de Grecia, de resignación, de hastío... 
¿No pondrán los vídeos de gaticos y perretes los hombres de la troika para que nos atolondremos? Claro, luego está el nivel menos sutil de atocinamiento de Tele 5 con el Gran Hermano de famosos, Belén Esteban y Paquirrín, la Pantoja enjaulada,  Sálvame o mátame, etc,  donde las cosas están muy claras, decadencia total oiga, esperpento puro. Espantajos hablando a la vez siguiendo un cutre-guión. Pan y circo, pero pan rancio y circo de los horrores. Eso también es opio para el pueblo, mierda de la buena. El otro día comentaban dos mujeres "de mediana edad" (dato importante), que no veían esa bazofia de Sálvame y todas esas chorradas, que les daba asco, y que les gustaría que echaran en la Tele cosas más educativas e interesantes, ¡alabado sea el señor, el señor catódico! Una de ellas, con sus hijos independientes (milagro), se dedicaba a la acogida de niños, y hablaba de amor y de cosas muy hermosas. Y me dijo que este año el Gobierno valenciano les ha había dicho a las familias de acogida que no había dinero, y que pusieran ellos el culo y la cama. Pienso en un compañero de trabajo que tiene un niño de acogida que tiene una enfermedad importante. Otro santo. 
Ayer ví un vídeo de un gatico que....., mierda, que se me va la santa al cielo. Si si, evitando un micromachismo, que es otra tendencia. Pues lo que decía de los recortes sociales, por poner un ejemplo. Violencia pura, violencia de Estado porque se nos ha robado, se nos ha tomado por idiotas, se nos se-nos senos tetas (mierda, ya se ha colao Tele5) ; y ahora que se han dado cuenta de que hay mucha gente con estudios y que piensa (maldita educación pública!), se quieren cepillar la educación de calidad, imponen leyes represivas, recortan por aquí y por allí, y nos meten miedo. No hay mayor violencia que la que ejerce quien tiene que cuidar de tí. 

Y hablando de violencia, ay! ese gobierno alemán, sin memoria histórica ( tras la segunda guerra mundial se les perdonó una gran deuda, por no hablar de la muerte y destrucción que causaron en numerosos paises, como Grecia), y su mantra de austeridad, y el pueblo griego que agonice. Y el gobierno español, ahora muy de "Grecia debe seguir las reglas", no vaya a ser que les vaya bien el cambio y quede demostrado que la austeridad no es buena, que la gente ya no puede más y que se pueden hacer las cosas de otra manera, con conciencia social, con mejor reparto y con un mínimo de dignidad para todos. Mierda para el que lo intente porque se descubre el pastel. 
Grecia no pide "Sálvame", porque sabe que es un rescate envenenado. Pide, como las dos señoras, algo mejor, con mucha sensatez.
No se olviden que Grecia es la cuna de la democracia, de la cultura, del saber, y que del norte vinieron los bárbaros. Y ojo, que los alemanes me parecen gente muy civilizada y estupendos ciudadanos, perrrro su gobierrrrno, mucho mandarrr, y el nuestrrro, un guevón.
¿No estará Alemania planeando una nueva invasión más sutil? En la segunda guerra mundial, como invasores, no fueron especialmente humanitarios, reclutaban a los invadidos para explotarlos en sus fabricas, y con los judios...., pasa palabra. Dicen que las calles de Grecia recuerdan a un escenario de posguerra, que se ha degradado brutalmente, y que miles de mujeres tienen que prostituirse para comer. Pero eso sí, que cumplan las reglas, pero a este paso podrían ser las reglas de un gran campo de concentración. Cualquier día va a aparecer Zeus y le va a dar con el dedito ( tic-tac ) en el hombro a la Merkel, porque las tendencias siempre vuelven. 
- ay con el dedito! ostien, Zeus! ......¿has visto este vídeo de gaticos? Paquirrín? Mallorca? 
Final abierto.

Ya lo recuerdo, lo que yo quería enseñar era este artículo tan interesante sobre irresponsabilidad de Ignacio Escolar.
Grecia y los irresponsables


Nota: me gustan los vídeos de gaticos, perretes y monetes. Y todo tiene su momento. 

Visto a posteriori, dejo caer esta breve animación futurista, donde un abuelo cuenta a su nieto algo que tiene que ver con lo que contaba más arriba.













viernes, 23 de enero de 2015

Nostalgia de las azoteas

¿Cuanto hace que no suben a la azotea de su edificio? Probablemente mucho. Puede que tengan la suerte de vivir en un pueblo, en una casa, en un barco o en las nubes, y tengan cielo y sol de sobra, e incluso noches estrelladas, de esas que cuando las redescubres te recuerdan lo perdida que está tu alma en la ciudad. Y si es usted de los que suben a menudo, se habrá dado cuenta del extraño vacio que las habita. Lo que han sido y lo que son.

Desde mi balcón, y justo arriba tengo mi olvidada azotea.
Desde arriba el mundo parece de juguete.
Que nos hayamos olvidado 
de las azoteas es un mal síntoma. Las azoteas son lugares mágicos, atalayas desde donde mirar con amplia perspectiva la vida en la calle; son rincones cómplices, refugio de adolescentes, de sus confidencias, de caladas que brillan en la oscuridad, de ropa tendida bailando con el viento, entorno ideal para estar en paz, para pensar; o mejor, para no pensar, cerca del cielo y de la poesía.
Pero desde hace un tiempo las azoteas están tristes y desangeladas. Se sube poco, mal o nunca. Las cuerdas de tender la ropa ya no reciben los pellizcos cariñosos de las pinzas, ya no encuentran su razón de ser. El pictórico enjambre de antenas de televisión ha ido despareciendo. Hay quien no conoce ni la azotea de su edificio, ocupados en sus cosas, comprando pastillas para el estrés sin saber que tienen una fórmula magistral unos metros más arriba. Y el colmo: muchos edificios modernos reducen las terrazas a mini habitáculos no transitables donde solo caben los cacharros del frío-calor. Un vecino me contaba que hace años se reunía la vecindad a asar sardinas al abrigo de las estrellas. Idilio y éxtasis vecinal.
Ningún científico lo ha estudiado, pero uno de los indicadores más fiables de la grandeza de un pueblo debería medirse por la cantidad y calidad de las visitas de sus gentes a las terrazas o azoteas. Pero ahora visitamos más otras cosas, como centros comerciales o pantallas sobre pantallas, y sobre pantallas, una, asomate a la pantalla..., y nos devoran las prisas, los miedos, y unos prodigios tecnológicos para los que no estábamos muy preparados ni educados y que están modelando nuestra vida a toda prisa sin darnos tiempo a pensar con claridad ni a reaccionar.
Eso sí, nos comunicamos mucho gracias a la tecnología y nos recordamos que nos estamos atocinando, y mientras nos la cogemos con papel de fumar, compartimos mensajes de conciencia, de emociones, de amor y de gurús espirituales, todos somos muy honrados y queremos la paz en el mundo, bla bla bla, y las tiendas se llenan de budas y sivas sentados, vamos, vamos, que me los quitan de las manos, pero pareciera que mientras tanto nos dirijimos guiados por la inercia hacia un cuello de botella, en clave APOCALIPSIS TOCINO, y no está claro si habrá Fairy que desengrase tanta indefensión aprendida, y tanto olvido de las cosas esenciales, como la claridad que aportan las azoteas.
Cuanto más olvidamos las azoteas, más nos hundimos sobre nuestros pies de mermelada. Mucho almíbar y poca pimienta.
Algunas ciudades del mundo, más sensibles, están apostando por proyectos de tejados verdes, cubiertas vegetales, huertos, pero por aquí eso parece ciencia ficción. Aquí tuvimos en los años del pelotazo miles de nuevos edificios y oportunidades perdidas para haber pensado en formas de vivienda más saludable, pero se olvidaron de las terrazas y además dejaron tras la batalla solares mellados como cicatrices de los hachazos de terreno urbanizable ganados a la huerta, al campo, para construir un sinsentido de bloques aún semivacios y sin azoteas peatonales.
Perdemos de este modo el norte, el lugar donde corre más el aire y mejor se piensa y se respira. Se empieza por estos descuidos y uno acaba creyendo cualquier cosa y actuando de cualquier manera porque así son y han sido siempre las cosas y no hay más que hablar.
De esta reflexión romántico-bucólica, ya ha salido un convencido de los beneficios para la salud mental de la reconquista de las azoteas, que soy yo mismo. Yo mismo conmigo mismo, delante de una pantalla,  apelando a mi conciencia y viniéndome arriba, una locura, oiga. A la parabólica del vecino pongo por testigo, que jamás dejaré que pase mucho tiempo sin subir a la azotea. Es más, ahora que la cosa política está como para tenerla muy en cuenta y que hay oportunidades para romper la inercia y echar un pulso a la apisonadora del capital ( ya lo decía la bruja Avería: ¡Abajo el capital! ), votaré al populista (todos lo son, lógicamente) que más pinta tenga de subir a las azoteas, porque en él estará la esperanza (así en la tierra como en el super, sic). Y desde luego, no me fiaré, nunca lo he hecho, de quien me de la impresión de no haber pasado parte de su infancia en una azotea escuchando los mensajes que susurran los vientos al oido, que no al odio. Unos pondrán muros, pero me quedaré con los que quieran poner molinos.